Antonio Rattín fue uno de los más grandes ídolos de la historia de Boca Juniors. Tras su fallecimiento el 11 de julio de 2026 a los 89 años, comenzaron a viralizarse historias y datos que demuestran la magnitud de su figura, tanto para el club de La Ribera como para el fútbol argentino y mundial.
El apodado Rata hizo toda su carrera en Boca Juniors, sin vestir jamás otra camiseta como jugador profesional. Permaneció en el club durante 14 temporadas consecutivas, entre 1956 y 1970, acumulando 382 partidos, 28 goles y 4 títulos. Un récord que lo ubica en una selecta lista de futbolistas que dedicaron su carrera entera a una sola institución. Su vínculo con la hinchada fue siempre profundo y recíproco, y cada visita a La Bombonera era una ocasión para que el público le expresara su cariño.
Pero Rattín también dejó una huella imborrable en la historia del fútbol mundial. En el Mundial 1966, durante los cuartos de final entre Argentina e Inglaterra, fue titular y capitán del seleccionado nacional. A los 36 minutos de juego, comenzó a reclamarle al árbitro alemán Rudolf Kreitlein por varios de sus fallos, sin poder comunicarse en inglés. El juez decidió expulsarlo directamente. «Yo le mostraba el brazalete de capitán para que llame a los dirigentes y me dice ‘afuera, afuera, afuera'», recordó el propio Rattín en una entrevista de hace varios años.
Lo que ocurrió en el camino hacia el vestuario se convirtió en una de las imágenes más recordadas del fútbol de todos los tiempos. «Empecé a caminar, me tiraron chocolates aireados que era una novedad, los comía y cuando llego al banderín del córner y flameaba la bandera inglesa la retorcí y los insulté», relató. Y agregó: «Cuando soy expulsado me senté en la alfombra de la reina, una alfombra roja, muy bonita».
Aquel episodio tuvo consecuencias directas en el reglamento del juego. La barrera idiomática que impidió cualquier tipo de comunicación entre Rattín y el árbitro fue el disparador para que se crearan las tarjetas amarilla y roja, estrenadas oficialmente en el Mundial 1970. Los colores fueron elegidos en parte por el significado universal del semáforo, con el objetivo de que los árbitros pudieran comunicarse con los jugadores sin importar el idioma. Lo que vivió el ídolo de Boca en Wembley terminó cambiando para siempre las reglas del fútbol.
Fuente: Planeta Boca Juniors
