Del banco de la Plaza Solís al club más grande
La historia de Boca Juniors es la historia de un barrio, de un puñado de pibes hijos de inmigrantes y de una pasión que se hizo gigante. Desde aquel 3 de abril de 1905 en La Boca hasta convertirse en el club más laureado del fútbol argentino, el Xeneize escribió una de las leyendas más impresionantes del deporte mundial. Acá te contamos toda la historia: la fundación, el origen del nombre, de dónde salieron el azul y oro, las eras doradas y los ídolos que la hicieron eterna.
La fundación: 3 de abril de 1905
Todo empezó en el barrio de La Boca, un rincón de Buenos Aires marcado por la inmigración genovesa y napolitana, de calles con olor a Riachuelo y casas de chapa y madera. Un grupo de adolescentes hijos de italianos, que jugaba para el club Independencia Sud, decidió fundar una institución que representara al barrio. Los nombres quedaron grabados en la historia: Esteban Baglietto, Alfredo Scarpatti, Santiago Sana y los hermanos Teodoro y Juan Antonio Farenga, entre otros.
La reunión fundacional iba a hacerse en la casa de Baglietto, en Ministro Brin 1232, pero fueron tantos los interesados que tuvo que trasladarse. La ceremonia terminó de definirse en un banco de la Plaza Solís, en pleno corazón de La Boca. Allí, el 3 de abril de 1905, nació el club. Esteban Baglietto fue su primer presidente y también el arquero del primer equipo.
El nombre se debatió: hubo propuestas como «Hijos de Italia» y «Defensores de La Boca», pero finalmente se optó por «Boca Juniors», tomando el nombre del barrio y agregándole la palabra inglesa «Juniors» para darle ese toque de prestigio tan de la época. El apodo «Xeneize» viene del dialecto genovés: significa, justamente, «genovés», en honor a los orígenes de aquellos fundadores.
El primer partido llegó apenas 18 días después, el 21 de abril de 1905, ante Mariano Moreno: goleada 4 a 0. La camiseta de aquel debut era blanca con tiras negras, cosida con tela de luto por la hermana de los Farenga.
El azul y oro: la leyenda del barco sueco
Los colores que hoy identifican a Boca en todo el planeta no nacieron con el club. En los primeros años, el equipo usó varias camisetas: la blanca con tiras negras, una celeste, y otras con rayas. La definición llegó en 1907, y la historia más difundida es una de las más lindas del fútbol argentino.
El presidente Juan Rafael Brichetto, que trabajaba en el puerto operando uno de los puentes, propuso adoptar los colores de la bandera del primer barco que entrara al puerto al día siguiente. Aquel navío resultó ser el Drottning Sophia, de bandera sueca: azul y amarillo. Así nació el «azul y oro» que hoy es sagrado para millones de hinchas.
Conviene aclararlo con honestidad: algunos historiadores cuestionan la veracidad del relato, ya que no hay registros documentados del nombre del barco ni del día exacto, y la versión empezó a tomar fuerza recién en la década del 30. Pero más allá de si fue exactamente así, la leyenda del barco sueco forma parte indisoluble de la mística xeneize. El primer diseño tenía una franja amarilla en diagonal; recién en 1913 se adoptó la franja horizontal que perdura hasta hoy como emblema tradicional del club.
Los primeros años y el profesionalismo
Boca participa de la Primera División de Argentina desde 1913. Un dato que marca su grandeza: desde que comenzó el profesionalismo en 1931, es el único club que disputó todas las temporadas en Primera, sin descender jamás. Y para empezar con el pie derecho, en 1931 Boca se consagró como el primer campeón de la era profesional.
En 1925, el club ya había hecho historia al realizar la primera gira europea de un equipo argentino. Más de 10.000 simpatizantes despidieron al plantel en el puerto de La Boca. Tras 22 días de viaje, la delegación llegó a Vigo y disputó 19 partidos en España, Francia y Alemania, enfrentando a rivales como el Real Madrid y el Bayern Múnich, con un saldo de 15 triunfos, 1 empate y 3 derrotas.
La era de Lorenzo y la primera gloria continental
El primer gran ciclo internacional llegó en la segunda mitad de los años 70, de la mano del entrenador Juan Carlos «Toto» Lorenzo. Boca ganó el Metropolitano y el Nacional de 1976, este último con la inolvidable final ante River en el estadio de Racing, definida por un golazo de tiro libre de Rubén Suñé ante más de 100.000 personas.
Ese envión se trasladó al continente: Boca conquistó la Copa Libertadores de 1977 y 1978, sus dos primeras estrellas continentales. Y en 1977 sumó su primera consagración mundial al ganar la Copa Intercontinental ante el Borussia Mönchengladbach. En 1981, el club dio uno de los golpes más resonantes de su historia al contratar a Diego Armando Maradona, que lideró al equipo a la conquista del Metropolitano de ese año en una de las operaciones más caras del fútbol argentino hasta entonces.
La era Bianchi: el Virrey y la época dorada
Si hay un nombre que define la grandeza moderna de Boca, ese es Carlos Bianchi. El «Virrey» asumió en 1998 y desató la época más gloriosa de la historia reciente del club. Su primer equipo fue imparable: campeón invicto del Apertura 1998, con una dupla goleadora letal entre Guillermo Barros Schelotto y Martín Palermo, y un joven enganche llamado Juan Román Riquelme manejando los hilos. Ese equipo encadenó 40 partidos sin perder y repitió título en el Clausura 1999.
Pero lo mejor estaba por venir. En el año 2000, tras 22 años de sequía continental, Boca volvió a la cima: ganó la Copa Libertadores con un histórico 3-0 a River en cuartos y una hazaña en Brasil ante Palmeiras, definida por penales con Óscar Córdoba como héroe. Ese mismo año conquistó la Copa Intercontinental en Tokio frente al Real Madrid de los Galácticos —Figo, Roberto Carlos, Raúl— con dos goles de Palermo, en una de las noches más recordadas de la mística xeneize.
La consagración no paró: Libertadores 2001 ante Cruz Azul (otra vez por penales, otra vez con Córdoba como figura), y el regreso de Bianchi en 2003 para conquistar una nueva Libertadores —con la explosión de un pibe llamado Carlos Tévez— y la Intercontinental ante el Milan. Tres Libertadores y dos Intercontinentales en cuatro años: el Boca de Bianchi se metió entre los mejores equipos del mundo.
La sexta Libertadores y los años recientes
En 2007, bajo la conducción de Miguel Ángel Russo, Boca conquistó su sexta Copa Libertadores, con un Riquelme descomunal que regresó al club especialmente para disputar el certamen y fue la gran figura, anotando varios goles decisivos en la fase final y goleando a Grêmio en la definición.
Desde entonces, el club siguió cosechando títulos locales y protagonizando el continente, aunque la séptima Libertadores se transformó en una deuda pendiente: Boca disputó las finales de 2012 (ante Corinthians), 2018 (la histórica final ante River en Madrid) y 2023 (ante Fluminense en el Maracaná), sin poder levantar la copa. En 2019 se produjo un cambio institucional trascendental con el regreso de Juan Román Riquelme, primero como vicepresidente y líder del Consejo de Fútbol, y desde 2023 como presidente del club.
El palmarés: el más grande de Argentina
Los números hablan por sí solos. Boca Juniors es el club con mayor cantidad de títulos oficiales en la historia del fútbol argentino, con un total que el club oficializa en torno a los 74 trofeos. Entre lo más destacado:
- 6 Copas Libertadores (1977, 1978, 2000, 2001, 2003 y 2007), siendo el segundo máximo campeón de la historia, a uno solo de Independiente.
- 3 Copas Intercontinentales (1977, 2000 y 2003), título de campeón mundial.
- Récord absoluto de finales de Libertadores disputadas (12).
- Múltiples Recopas Sudamericanas, Copas Sudamericanas y Supercopas.
- Decenas de campeonatos de Primera División, tanto de la era amateur como de la profesional.
A nivel internacional, Boca es la institución con más copas de carácter confederativo e interconfederativo del continente americano, empatado con Independiente. La IFFHS lo distinguió como el mejor club sudamericano del siglo XXI, y la revista inglesa FourFourTwo lo ratificó como el club más grande de Sudamérica.
Los ídolos eternos
Ningún relato de Boca está completo sin sus leyendas. Diego Armando Maradona, hincha confeso, dejó una huella imborrable pese a sus dos breves etapas; todavía hoy la Bombonera canta «Maradó». Juan Román Riquelme, el máximo ídolo moderno, dueño del récord de goles en Libertadores del club (25), pasó de ser figura excluyente en la cancha a presidente de la institución, fiel a su frase: «Nací bostero y voy a morir bostero». Martín Palermo, el «Titán», es el máximo goleador histórico con 236 tantos. Carlos Tévez, surgido de Fuerte Apache, representó el ADN xeneize como pocos.
A ellos se suman nombres de todas las épocas: Roberto Mouzo (récord de partidos con 426), Silvio Marzolini, Antonio Rattín, Hugo Gatti, Ángel Clemente Rojas, Guillermo Barros Schelotto, Óscar Córdoba, Roberto Abbondanzieri y tantos otros que vistieron la azul y oro y la hicieron transpirar.
Más que un club
De aquel banco de la Plaza Solís a las noches de gloria en Tokio, de la camiseta de luto al azul y oro que ondea en todo el mundo, la historia de Boca Juniors es la prueba de que la pasión puede más que cualquier cosa. Con su gente, su Bombonera y su rivalidad eterna con River, el Xeneize se convirtió en mucho más que un equipo de fútbol: es una identidad, una forma de sentir, la pasión más grande. Y como dice el hincha, eso no se explica: se lleva adentro.