Boca empató con Platense pero fue una derrota
Hay resultados que duelen más que una derrota. El empate de Boca ante Platense en Vicente López es uno de ellos. No porque el marcador diga 1-1, sino por todo lo que se perdió en el camino: puntos que se necesitaban, jugadores que se lesionaron y una actuación que dejó más preguntas que respuestas. Empatar con los suplentes del Calamar, en casa de ellos, nunca puede ser visto como algo positivo. Por más que se le busquen los puntos rescatables, el resultado es una derrota disfrazada de punto.
Lo más preocupante no fue el marcador sino el parte médico. Leandro Paredes salió por precaución durante el partido y el Vasco Arruabarrena confirmó que se irá a hacer estudios, al igual que Pellegrino, que también se retiró con molestias. A eso se sumó una dolencia de Lozano. Tres bajas potenciales para la revancha en Paraguay, en un momento en que el equipo no puede darse el lujo de perder piezas. Arriesgar tanto para conseguir tan poco es, en sí mismo, una derrota táctica y de gestión.
En el plano futbolístico, el gol de Merentiel fue lo mejor de la noche: pase en cortada de Aranda, cabezazo asistidor de Ascacíbar y una definición fría y precisa del uruguayo para hacer pasar de largo a Cozzani. Un golazo colectivo que mostró destellos de lo que este equipo puede ser. También Montero tuvo su mejor partido desde que llegó al club. Pero esos destellos no alcanzan cuando Velasco vuelve a errar un gol sin arquero.
Pero todo eso no alcanza por todo lo que se perdió. Paredes, primero. Personalmente pensaba que lo iban a parar esta fecha: no fue así y lo pagamos caro, aunque también es cierto que Pellegrino, que no venía con tanto trajín, también se lesionó. Y el Vasco confirmó además la molestia de Lozano. Entonces, haber arriesgado tanto para conseguir tan poco es indudablemente una derrota, una decepción, una fecha que nos deja con un mal sabor en la boca.
Como nos deja un mal sabor en la boca que Villa esté jugando tan mal, que no pueda sacarse un tipo de encima, que no haya justificado su titularidad, que en la única franca que tuvo la haya mandado a mitad de camino entre el arco y el córner. El otro día entró bien, esta vez fue un desastre y él sabe, además, que todo lo que hace se mira con lupa. Por eso los silbidos. Porque Villa tiene que hacer un par de goles por partido, o algo así, para que no lo puteen por todo el daño que ha hecho dentro y fuera de la cancha. Hasta ahora, su llegada aportó solo discordia y nos costó siete millones de dólares. Se suponía que era el refuerzo que iba a hacer la diferencia con su jerarquía.
Lo de Velasco es distinto y ya cansa. Tuvo el gol sin arquero y la tiró afuera. «El problema es que costó diez millones de dólares», dijo Arruabarrena hace algunas semanas. Si hubiera costado uno, también se le caería por su error inexplicable. Su tiempo está acabado, por más esfuerzos que hagan todos por recuperarlo. Más allá de algún gol, sigue sin poder ganar en el uno contra uno: ¿alguna vez va a entrar en ritmo?
El partido en Vicente López dejó en evidencia, también, lo que todos sabemos. Falta un central de jerarquía, falta un 9. Mientras Valencia se pone a tono y Bareiro se recupera, hay que ir a buscar alguien serio y bueno, muy bueno, para la defensa. El equipo se expone mucho, juega mano a mano, es una misión para especialistas de jerarquía, no para cualqueir chambón. Dejemos el outlet, el mercado de pulgas, y traigamos alguien a la altura del club. Y recemos. También recemos. Por que no sea nada lo de Paredes, por la recuperación de todos, por que empiecen a llegar los resultados. Bancamos la propuesta y el protagonismo, pero hay que ganar. Lo de siempre. Corrigiendo estos temas que ya son reiterativos estaremos más cerca.
Por: Antonio Serpa TyC sports