Sebastián Villa volvió a La Bombonera y lo hizo como si el tiempo no hubiera pasado. El colombiano, que regresó al club en medio de una polémica inversión económica por su ficha —luego de haberse ido sin dejar un peso—, fue recibido con sonoros silbidos cuando se anunció la formación, pero terminó siendo el jugador más desequilibrante del equipo en el 1-0 ante O’Higgins por la Copa Sudamericana.
Apenas terminó el partido, Villa tomó el micrófono y les habló directamente a los hinchas: «Hice un gran trabajo, un gran esfuerzo. Les pido disculpas a los hinchas si se sintieron ofendidos. Yo quiero estar en mi casa y lo voy a demostrar». Las palabras llegaron todavía desde el campo de juego, en un gesto que buscó tender un puente con una parcialidad que no le dio la bienvenida de manera unánime.
Con el mismo número 22 en la espalda que usó en su etapa anterior, Villa se mostró sin necesidad de adaptación. A los 30 años, con el rodaje acumulado en el Beroe Stara Zagora de Bulgaria, en Independiente Rivadavia de Mendoza y en la selección de Colombia, bastaron unos pocos entrenamientos para encontrar su lugar en el esquema del Vasco Arruabarrena. Sus centros venenosos desde la izquierda volvieron a ser marca registrada, aunque en esta ocasión le faltó algo de precisión para que Merentiel y sus compañeros pudieran capitalizarlos. Aun así, O’Higgins lo sufrió más a él que el propio Villa a los chiflidos de la tribuna.
Horas antes del partido, Juan Román Riquelme había expresado su respaldo al colombiano: «Todos tenemos que tener una segunda oportunidad y ojalá la pueda disfrutar mucho». Aunque ese aval presidencial no alcanzó para que la tribuna le mostrara su indulgencia desde el primer minuto, el contraste entre los silbidos iniciales y los aplausos finales marcó el tono de una noche en la que Villa, en la cancha, volvió a ser el Villa que los hinchas ya conocían. Con todo lo que eso implica.
Fuente: Olé (ole.com.ar)
