Banderazo xeneize en Asunción antes de la revancha
Foto: Olé
33 grados, sol a pleno y la pasión xeneize desbordando las calles de Asunción. Así recibió Paraguay a Boca Juniors, que llegó a la capital guaraní con una misión clara: avanzar a los cuartos de final de la Copa Sudamericana ante Recoleta. El presidente Juan Román Riquelme viajó junto al plantel, y la delegación se instaló en el Hotel Bourbon, frente a las oficinas de Conmebol, mientras los hinchas ya calentaban motores para el banderazo de la tarde.
La convocatoria, organizada por el consulado local y la peña formoseña, fue el punto de encuentro de los miles de hinchas xeneizes que cruzaron la frontera. Se espera que la mayoría de los 14 mil visitantes que compraron entradas para el Estadio Defensores del Chaco provengan de esa zona limítrofe, donde Boca tiene una presencia histórica y apasionada. Con bombos, trompetas y banderas, Luque se fue tiñendo de azul y amarillo a medida que caía la tarde, cambiando por completo la escenografía del barrio sede de Conmebol.
Las historias que dejó el banderazo son el alma de estos viajes. Lucas, de apenas 8 años, contó emocionado que irá a la cancha por primera vez en su vida a ver a su Boca. Su papá Nicolás, hincha de Lanús que hace más de una década vive en Paraguay, lo acompañó con orgullo. Otro pequeño hincha relató la anécdota de cuando Edinson Cavani le firmó la mano. Y Julio, hincha de Olimpia que manejaba uno de los autos de aplicación, resumió el sentimiento local con una frase que lo dice todo: «Juega bien este equipo, todos acá están como locos». Hasta un hincha paraguayo se acercó con una bandera de Boca y Diego Maradona para buscar la firma de Riquelme.
Pasadas las 20, cuando el calor empezaba a ceder, aparecieron los jugadores. El Vasco Arruabarrena tiene en mente una formación con Álvaro Montero en el arco; Dylan Gorosito, Nicolás Figal o Lautaro Di Lollo, Ayrton Costa y Lautaro Blanco en defensa; Santiago Ascacibar, Milton Delgado y Tomás Belmonte o Sebastián Villa en el mediocampo; Tomás Aranda o Alan Velasco como enganche; y Leonel Flores junto a Miguel Merentiel en ataque. La baja confirmada de Paredes pesa, pero el equipo tiene con qué responder.
Este partido tiene una dimensión que va más allá de los 90 minutos. Boca ya quedó afuera de la Copa Libertadores en 2026, un golpe duro que todavía duele en La Bombonera. La Sudamericana se convirtió entonces en la única chance de protagonismo internacional, y avanzar ante Recoleta sería un paso enorme para que este año no quede en el olvido. La historia del club tiene ejemplos de equipos que se reinventaron en la Sudamericana después de tropiezos en la Libertadores, y la hinchada que copó Asunción lo sabe: cada viaje, cada banderazo, es también un acto de fe en que este plantel puede darles una alegría grande antes de que termine el año.
Fuente: Olé (ole.com.ar)