Ascacibar, el ‘Haaland’ de Boca: su fórmula goleadora
Foto: Prensa Boca Juniors
Cinco goles en seis partidos. Ocho en 28 encuentros con la azul y oro. Santiago Ascacibar ya no es solo el volante todoterreno que llegó a Boca para recuperar pelotas y ordenar el mediocampo: es el goleador del ciclo Arruabarrena, el segundo máximo artillero xeneize del año detrás de Merentiel, y el jugador que más ilusiona partido a partido en esta Copa Sudamericana. Y encima, tiene un apodo nuevo que lo hace sonreír —y sonrojar un poco— cada vez que lo escucha.
Puertas adentro del predio, sus compañeros lo llaman «Haaland». La racha goleadora, el físico imponente y ese look vikingo con el tatuaje en la cabeza en alemán hacen el resto. «Los chicos me lo dicen jodiendo. Cuando pateamos en las prácticas, ahí me dicen Haaland», reveló el propio Ascacibar a Olé. La broma tiene cada vez más sustento: cinco goles en diez partidos con el Vasco Arruabarrena lo convierten en el killer de este ciclo, un número que ningún volante de Boca había tenido en mucho tiempo.
Pero este olfato goleador no nació de la nada. Ascacibar lo explicó con claridad: «¿Si me sorprende esta racha? La verdad es que venía haciéndolo varios años atrás con Eduardo (Domínguez) en Estudiantes. Él me empezó a decir que tenía que llegar más al arco rival. Lo que sucede es que a veces llegaba y no se daba. Ahora es como que se abrió el arco y hay que seguir aprovechándolo». El dato que certifica la transformación es contundente: en su primer ciclo en Estudiantes, antes de irse al Stuttgart en 2017, el Ruso jugó 50 partidos sin marcar un solo gol. A su regreso en 2023, ya con Domínguez como DT, terminó convirtiendo 18 goles en 146 partidos. Una diferencia abismal que explica todo.
Fue el Barba Domínguez —yerno de Bianchi, dato que en Boca no pasa desapercibido— quien lo soltó de la marca posicional y lo empujó al área. En Europa también había asimilado algo de ese cambio, pero fue en Estudiantes donde terminó de potenciarse. Hoy, en Boca, su promedio goleador supera incluso al que tenía en el Pincha. Él, sin embargo, no se queda con los laureles: «El equipo está encontrando el funcionamiento. Lo que nos fueron pidiendo en la pretemporada. Todo eso a nosotros nos ayudó mucho y se está demostrando en los partidos», le dijo a Olé.
Lo que está haciendo Ascacibar en este 2026 es uno de los fenómenos más interesantes del Boca de Arruabarrena. Un volante central que se convirtió en referencia ofensiva sin perder su esencia de trabajo y sacrificio es exactamente el tipo de jugador que un equipo necesita para pelear en serio una Copa Sudamericana. Si el Ruso —o el Haaland, según prefieran sus compañeros— mantiene este nivel en los cuartos de final ante San Pablo, Boca va a tener una carta muy difícil de neutralizar para cualquier rival.
Fuente: Olé (ole.com.ar)