Cañete: de juvenil de Boca a rival con Recoleta a los 36
Foto: Olé
Dieciséis años, dieciséis clubes y una sola camiseta que nunca pudo volver a ponerse. Marcelo «Chelo» Cañete tiene 36 años, juega en Recoleta de Paraguay y este martes le toca enfrentar a Boca Juniors por primera vez en su carrera, en la revancha de los octavos de final de la Copa Sudamericana. Para cualquier jugador sería un partido importante; para él, que se formó en las inferiores del Xeneize desde los 7 años y debutó en Primera con la azul y oro, es algo completamente distinto.
«Nunca me había tocado enfrentar a Boca, lo vivo de una manera muy especial. Para todo el mundo es especial, pero para uno mucho más, por haber salido de ahí, me formó como jugador profesional», le dijo Cañete a Olé desde Paraguay, horas antes de la última práctica y la concentración. El enganche, que lleva el número 20 en la espalda, debutó en Boca a mediados de 2010 durante una gira que pasó por Brasil y Estados Unidos. Sin Riquelme por lesión, fue titular ante Palmeiras, Melbourne Victory y Wellington Phoenix. A la vuelta, en el Torneo Apertura, sumó minutos desde el banco con su estreno oficial ante Godoy Cruz el 8 de agosto en el Malvinas Argentinas de Mendoza. En total fueron diez partidos entre oficiales y amistosos, todos bajo la conducción de Claudio Borghi.
El camino desde su salida del Xeneize hasta Recoleta incluyó a Universidad Católica, San Paulo, Portuguesa, São Paulo, Náutico, São Bernardo, CRB, Libertad, Guaraní, Sportivo Luqueño, Deportivo Capiatá, Cobresal, Universidad de Chile, Huachipato, Santiago Wanderers y Sol de América. Una vida entera de fútbol lejos de La Bombonera. Para la ida no estuvo disponible por una infiltración en la rodilla, pero viajó igual a Buenos Aires para acompañar al plantel. «Pasé muchas cosas en ese club, fue muy lindo, me hubiese gustado volver a La Bombonera, lamentablemente no se pudo dar», reconoció. En ese viaje se reencontró con ex compañeros que hoy trabajan en el club, y mencionó a Leandro Paredes —con quien compartió plantel— aunque aclaró que no quiso molestarlo: «Con todo el revuelo que él genera». También nombró a Javi García como otro de los pocos sobrevivientes de aquella generación.
Sobre su salida prematura del club, Cañete fue honesto: «No me hubiese apresurado. Mi afán era poder jugar más, y estando Román iba a ser muy difícil. Hablé con mi representante para salir y agarrar experiencia, y no pude volver a vestir la camiseta de Boca. En algún punto, me hubiera quedado a luchar un poco más». Y con una mezcla de humor y respeto agregó: «El mayor ídolo de la historia del club en mi caso, me doy mérito que competía con el mejor, competía… Compartía la misma posición, nadie compite con Román». Aquella generación de pibes —Viatri, Pochi Chávez, Colazo, Leandro Marín, Sergio Araujo— convivía con la sombra de Riquelme y Palermo, dos monstruros imposibles de desplazar.
Sobre la revancha, Cañete fue claro en cuanto a las aspiraciones de Recoleta: «Estamos convencidos de que podemos empatar y llegar a penales. Es difícil pero venimos haciendo las cosas muy bien». Incluso reveló que el equipo lleva practicando penales desde el día siguiente a la ida. En cuanto a su rol, admitió que no es prioridad táctica pero que podría entrar si el partido llega a la definición desde los doce pasos. Y tuvo palabras elogiosas para los juveniles del Boca actual, especialmente para Tomás Aranda y Leonel Flores: «Tienen el fútbol que se perdió: encarar, pedirla, uno contra uno, ser guapo, pisarla, mostrar la pelota». Sobre Aranda en particular, dijo: «Le dieron la oportunidad de mostrar y el respaldo de la 10, y hoy demuestra lo que es con plena confianza y total soltura. Hoy es Aranda el 10 de Boca. Y es indiscutible».
La historia de Cañete es, en cierto modo, la historia de muchos pibes que pasaron por las inferiores xeneizes y no pudieron abrirse paso en un plantel que tenía a Riquelme en su mejor versión. Que hoy, a los 36 años, aparezca del otro lado del campo en una copa internacional dice mucho del recorrido que hizo y de lo que significa Boca para quienes se formaron ahí. Él mismo lo resumió con una honestidad que da para pensar: «Le deseo siempre lo mejor, pero no sé si hoy, jajaja». La revancha se juega en Paraguay, con Recoleta soñando con los penales y Boca buscando cerrar la serie. Para el Chelo, sea cual sea el resultado, ya es un partido que no va a olvidar.
Fuente: Olé (ole.com.ar)