20 mil hinchas de Boca coparon el Defensores del Chaco
Foto: REUTERS/Cesar Olmedo
Hay noches en que la hinchada de Boca se convierte en el jugador número doce, y esta fue una de ellas. Más de 20.000 xeneizes coparon el estadio Defensores del Chaco de Asunción para acompañar al equipo de Rodolfo Arruabarrena en la revancha de los octavos de final de la Copa Sudamericana ante Recoleta, transformando el escenario paraguayo en una auténtica Bombonera lejos de casa.
Desde horas antes del pitazo inicial, las inmediaciones del estadio ya vibraban con los colores azul y oro. Miles de hinchas llegados desde la Argentina —muchos de ellos desde las provincias del nordeste, las más cercanas a la frontera— se mezclaron con los fanáticos que residen en Paraguay para darle un marco impresionante a una noche decisiva. Banderas, camisetas, bombos y un aliento constante desde el primer minuto: Boca prácticamente agotó las 20.000 localidades que Recoleta había destinado al sector visitante, y la respuesta de la gente superó todas las expectativas.
El contexto ayudaba a la ilusión: Boca llegó a Asunción con el 3-1 conseguido en la ida, disputada en el estadio de Huracán, y con una ventaja más que importante para sellar su clasificación a los cuartos de final. Pero más allá del resultado de la ida, la multitud que cruzó la frontera demostró que el hincha xeneize no necesita que le expliquen por qué vale la pena viajar. Una lluvia torrencial cayó sobre el Defensores del Chaco durante el partido, y ni eso frenó el fervor de las tribunas.
Esta clase de movilización no es nueva para Boca: la historia del club está llena de noches en que su gente convirtió estadios ajenos en propios, desde el Monumental hasta los rincones más lejanos del continente en la Copa Libertadores. Que más de 20.000 personas hayan cruzado a Paraguay para acompañar un partido de Sudamericana ante un rival de menor jerarquía dice mucho del vínculo entre este club y su hinchada. Para Arruabarrena y sus jugadores, contar con ese respaldo en una noche de definición es un privilegio que pocos equipos del mundo pueden darse el lujo de tener.
Fuente: Olé (ole.com.ar)