Ascacibar: cinco goles en seis partidos con Boca
Foto: Olé
¿Quién necesita un nueve de área si tiene a Santiago Ascacibar? La pregunta ya no suena a chiste. El volante que llegó para correr, recuperar y meter presión se convirtió, partido a partido, en el goleador más en forma de Boca Juniors. Cinco gritos en seis partidos. Ocho en total con la camiseta azul y oro. Y el que más llama la atención no es la cantidad, sino la naturaleza de cada uno: siempre en el lugar justo, siempre en el momento exacto.
Ante Recoleta FC, en el Defensores del Chaco de Asunción, el Ruso volvió a abrir el marcador para el Xeneize, igual que en la ida. Un gol de cabeza para poner el 1 a 0 parcial y dejar a Boca un paso más cerca de la siguiente ronda de la Copa Sudamericana. La ventaja con la que el equipo del Vasco Arruabarrena llegó a este partido era de 3 a 1, construida en gran parte gracias a su aporte. Y él mismo se encargó de ampliarla.
La seguidilla es demoledora: goles ante Newell’s, ante Estudiantes (con ley del ex incluida, porque Ascacibar nació en ese club), ante Vélez y ahora por duplicado ante Recoleta. Contra Platense no convirtió, pero asistió a Merentiel de cabeza para el empate. Está en todos los goles, los haga o no. Contra Vélez también tuvo una chance que dio en el palo, y en la ida ante Recoleta generó otras tres situaciones de peligro. El área parece su hábitat natural, aunque nadie lo hubiera imaginado así cuando llegó al club.
El propio Arruabarrena lo dejó en el banco en el repechaje ante O’Higgins, pero el Ruso respondió con goles cada vez que tuvo la oportunidad. Hoy es el máximo artillero de la era del Vasco, con cinco conquistas en nueve partidos. Lo más llamativo, según destaca Olé, es que los rivales ya saben que va a aparecer en el área y aun así no pueden frenarlo. Hay algo casi palermiano en ese instinto: saber dónde estar antes de que la pelota llegue.
Ascacibar representa uno de esos fenómenos que el fútbol regala de vez en cuando: el jugador que supera ampliamente el rol para el que fue contratado. Boca lo incorporó como un volante de marca y recuperación, un perfil clásico de cinco o de ocho. Nadie en el club, ni en la dirigencia ni en el cuerpo técnico, lo proyectó como referente ofensivo. Sin embargo, la historia del Xeneize está llena de casos así: jugadores que encuentran en la camiseta azul y oro una versión superadora de sí mismos. El Ruso parece estar escribiendo su propio capítulo.
Fuente: Olé (ole.com.ar)