Flores: golazo y dos expulsiones rivales en Boca

Leonel Flores celebra su golazo con Merentiel en el triunfo de Boca ante Recoleta por la Copa Sudamericana

Foto: Olé

Hay pibes que no necesitan mucho tiempo para convencer. Leonel Flores, de apenas 19 años, está construyendo partido a partido un lugar en el once de Rodolfo Arruabarrena, y ante Recoleta por los octavos de ida de la Copa Sudamericana volvió a demostrar por qué cada vez es más fija para el Vasco: golazo, dos expulsiones provocadas al rival y una actuación que hizo estallar al Ducó en aplausos cuando salió de la cancha.

El arranque no fue sencillo para el extremo. Recoleta le puso doble marca y sus primeros intentos por la izquierda no encontraron premio. Pero una vez que se soltó, fue imparable. Ya en el primer tiempo generó una de las jugadas más vistosas del partido: desbordó limpiando a un par de rivales, habilitó a Merentiel que cabeceó al travesaño, y luego Delgado también pegó en el palo. El gol no llegó, pero la intención estaba clarísima. Además, en los últimos segundos del primer tiempo recibió un codazo de Wilfrido Báez sin pelota, reclamó al árbitro Maza que lo revisara en el VAR y el resultado fue la primera roja para Recoleta.

En el complemento, corrido hacia la derecha, encontró más espacio y lo aprovechó con creces. Con el Xeneize ya ganando, se metió hacia el medio, recibió un taco de Merentiel y metió un fierrazo bárbaro desde afuera del área. Golazo. El segundo en apenas siete partidos en Primera División —el anterior había sido ante Sarmiento por Copa Argentina—. «Es algo lindo, lo vengo buscando. La confianza es todo», declaró el pibe tras el partido. Y después completó su noche perfecta al provocar la segunda roja del conjunto paraguayo: Dairon Mosquera le metió un patadón que le costó la segunda amarilla al colombiano. Cuando Flores salió, todo el estadio Ducó se rompió las manos aplaudiéndolo.

Boca se impuso 3 a 1 en el partido de ida de los octavos de final de la Copa Sudamericana, un resultado que lo deja en una posición muy cómoda de cara a la vuelta. Pero más allá del marcador, lo que ilusiona es ver cómo un juvenil de la casa va ganando confianza y protagonismo en partidos de alta exigencia internacional. En un club donde la presión es constante y los pibes suelen tardar en asentarse, Flores está rompiendo esa tendencia a paso firme. Si mantiene este nivel, el Vasco Arruabarrena va a tener un problema muy grato: ¿cómo no ponerlo?

Fuente: Olé (ole.com.ar)